sábado, 1 de junio de 2013

Aspectos sobre el comportamiento y presencia de abogados en redes sociales


En las redes, en la mesa y en el juego, se conoce al caballero. Así se podría actualizar este conocido refrán que hace referencia a las buenas formas y comportamiento, para recordar con ello, que nuestra reputación queda expuesta una vez que accedemos a formar parte de la aldea global digital. Compartimos continuamente información con las personas que nos rodean, de forma consciente e inconsciente, de manera tanto objetiva como subjetiva, en un tiempo en el que nunca nos hemos rodeado y relacionado con tantas personas en las comunidades virtuales o redes sociales, a las que accedemos todos los días como un acto natural a través de móviles, tabletas o laptops.

Esta exposición toma mayor relevancia si además damos a conocer el lado profesional. Aunque todo profesional debe velar por el valor que se le concede como tal, los abogados deben gestionar con especial atención cómo se presentan al resto de la sociedad, pues en su actividad profesional, el abogado con su cliente establece relaciones basadas en la confianza que éste último le concede.


La abogacía es una profesión exigente, que se estructura a través de una serie de fuertes valores que dictan el comportamiento ético de la profesión, de ahí que el abogado no debe olvidar transmitir en las redes sociales los mismos valores con los que se presume que actúa en el ejercicio de la vida profesional, e incluso en la privada. Como argumenta Eugenia Navarro en su post Sobre marca personal “lo importante es saber asociar atributos de valor a la marca” por lo que la integridad del abogado no debe finalizar con la actividad profesional, sino que deberá mostrarlo en todo momento. Una manifestación, un acto o un comentario no adecuado en este ámbito, podrá afectar muy negativamente a la reputación del abogado. Además, es fundamental actuar en comunidades virtuales o redes sociales con honestidad, virtud que debe formar parte de la identidad de un abogado (¿y de quién no?), y hoy en día más que nunca.

Pero por encima de todas las virtudes debe ser la prudencia la que dicte el comportamiento del abogado en redes sociales, analizando de forma reflexiva antes de  escribir o llevar a cabo los comentarios, actualizaciones, tweets, posts, videos o cualquier otro contenido que se publique en red. Será la prudencia la que deba por tanto cubrir en todo momento la acción del abogado en la esfera digital.

Por otro lado, no puede dejarse llevar por la precipitación, o mostrar poca o nula reflexión en las decisiones tomadas y manifestadas en redes sociales o comunidades virtuales, además de mostrar falta de percepción de la realidad o sentido común. Por supuesto, debe evitar cualquier clase de indiscreción y ser muy riguroso en términos de confidencialidad y secreto profesional, sin hacer alardes de que debe sujetarse a ello, la discreción en ese sentido siempre fue la mejor aliada.

Finalmente, un abogado antes que abogado es una persona, y por lo tanto tiene emociones, pero sería igualmente prudente no dejarse llevar por emociones como la ira o el enojo, evitar entrar de manera airada en debates o provocaciones y por supuesto desterrar del vocabulario palabras malsonantes o insultos. En muchas ocasiones, se piensa que nadie está escuchando, pero los públicos de interés están siempre atentos de lo que dice o se trasmite por los profesionales a los que puede llegar a contratar (o despedir), pues en redes sociales, no se desconecta nunca el sónar de escucha activa.

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